18/01/2007

Baja y el desgaste de los tradicionales


El lunes pasado, tras su visita a Baja California, Luciano Pascoe —representante de ALTERNATIVA ante el IFE— publicó en «La Crónica de Hoy» su artículo titulado «Baja y el desgaste de los tradicionales» que, muy certeramente, describe la situación del electorado en el estado...

Baja y el desgaste de los tradicionales
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Los tiempos y las formas en las que Baja California enfrentará su proceso electoral este año para renovar la gubernatura, cinco presidencias municipales y 25 diputaciones locales, han sido importantemente trastocados.
Hace unos meses, la mayoría panista en la cámara local aprobó —con el desinteresado voto de un diputado verde— y en contra de los otros partidos, una reforma electoral amplia. Esta reforma contenía una gran cantidad de errores y pifias y, hay que concederle, un par de avances importantes.
Sin embargo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró inconstitucional la Reforma a la Ley Electoral por lo que el calendario electoral para el proceso electoral de este año queda con las fechas originales: el día de elecciones será el 5 de agosto y no el 24 de junio que marcaba la reforma invalidada.
No obstante, tanto el inicio de las precampañas el 3 de febrero como el votar con la Credencial Federal Electoral y no con la estatal, son condiciones que se mantienen, puesto que estos artículos se aprobaron por separado, días antes de que se hiciera con la reforma electoral. Lo primero que salta a la luz es que será una campaña larguísima para los habitantes de esta entidad. Seis meses tendrán que lidiar con las candidaturas a la gubernatura, primero en su pre campaña y después en su proceso formal. Las dirigencias estatales de los partidos opositores al PAN han dicho que la resolución de la SCJN se trata de un tercer revés al PAN en Baja California, luego de que primero se diera la reinstalación de magistrados y después la de tres consejeros estatales electorales.
Entre las modificaciones que consideraba la reforma invalidada y que resulta una lástima que no se vaya a tener para este proceso, se encontraba el que los partidos contrataran su publicidad de campaña a través del Instituto Estatal Electoral. Esta idea, que transparenta el gasto de los partidos en los medios electrónicos, habría sido muy útil considerando que el probable candidato del PRI al estado será el hombre de la inagotable fortuna: Jorge Hank. Los panistas promovieron esta reforma con la clara intención de vigilar su gasto, y la verdad que bien le habría venido a esta entidad controlar, aunque fuese un poco, lo que será este proceso.
Baja California lleva 18 años con gobierno panista, y es evidente que han logrado construir un electorado sólido y contundente, como se vio en la fulminante victoria de Felipe Calderón el pasado dos de julio. Sin embargo, ahora van a chocar los dos trenes. El del aparato del gobierno del estado y sus años de consolidación y el de Jorge Hank, su dinero y su capacidad para identificarse con un sector amplio del electorado.
En este escenario es fácil prever que ambos bandos estarán a la caza de resbalones ajenos y cuidando sus pasos. Por esto resulta dramática la situación en la que se encuentra el Instituto Electoral del Baja California. La integración del consejo de este órgano se dio, como siempre, por una componenda de partidos, pero al haberse dado bajo reglas hoy rechazadas por la SCJN, se ha desatado una crisis en la que las destituciones corren como el fuego en la pradera y los amparos igual.
Curiosamente, la gente de Tijuana, Mexicali, Ensenada, Tecate y Rosarito, comparten algo con el resto del país: su agotamiento con la clase política tradicional y su creciente apatía. Baja California tiene condiciones propicias para una alta participación electoral, ocho años de escolaridad promedio, más de cuatro salarios mínimos promedio por habitante, 91 por ciento de población urbana. Sin embargo rara vez rebasa el 40 por ciento de participación, y casi siempre termina eligiendo una pequeña minoría a los ejecutivos y legislativos.
Las razones pueden ser varias. Pero entre ellas se encuentra la certeza de que no hay político ni partido que pueda ser fiel a sus postulados y a sus propuestas. Todos, siente la gente, terminarán siendo iguales.
El PRD, la izquierda tradicional, es prácticamente inexistente en este estado y fuera de Ensenada, donde de vez en vez logra votaciones interesantes, su porcentaje de participación es cada vez de menor importancia.
Pareciera que Baja California está condenada a una batalla de tradicionales. Pero habría que mantenerse listos para, al igual que sucedió en la campaña presidencial, la aparición en escena de una candidata que pueda empezar a menguar en la apatía y fastidio de la ciudadanía.
De no ser así el futuro para este estado fronterizo será un poco más de lo mismo, gane quién gane.

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