09/02/2007

Medios masivos y educación

¿Qué podemos hacer ante el inminente terreno ganado por la cultura audiovisual en materia de educación? ¿Habremos perdido por completo la guerra contra la televisión?
¿Será que nuestr@s niñ@s se enfrentan cada vez más a la posibilidad de ser toda la vida un@s adult@s «sord@s» que seguirán jugando videojuegos a los treinta y cinco años o más? ¿Cómo haremos para formar estudiantes crític@s, en la mayor medida posible, con gusto por la lectura y capacidad de compresión?

Es evidente que son necesarias reformas en la educación en nuestro país que respondan a estos cambios inevitables por la ola de tecnologías en puerta. Una forma podría ser alargando el horario de clases para que, de esta manera, l@s niñ@s puedan dedicarse a otras actividades además de mirar la televisión por las tardes. Otra forma podría ser fomentar la cultura del deporte y de la lectura, desarrollando programas estratégicos para concienciar a los padres de la importancia de que no se deteriore este hábito; o buscar caminos para que l@s niñ@s que no tienen los recursos puedan asistir a clases de piano o de pintura, por la tarde; que encuentren formas alternas de pasar el tiempo; sin mencionar la urgentísima necesidad de abrir el mercado y canales nuevos en el espacio televisivo abierto del país.

La educación necesita cambios profundos: desde el hecho de fomentar la práctica de otros deportes además del fútbol «soccer» —aparato ideológico eternamente destinado a enajenar a las masas en nuestro país—; y no es que el fútbol sea algo malo sino que, simplemente, no es lo único. Si no hacemos los cambios necesarios, en el mejor de los casos, continuaremos en el lugar en que estamos en materia de educación a nivel mundial. Para darse cuenta de la realidad, baste simplemente con ver el hecho de que un estudiante universitario promedio en México lee dos libros al año; mientras que un estudiante europeo promedio lee doce libros en el mismo lapso. Aun así, no todo es color de rosa en Europa: en España, por ejemplo, hay adult@s que no leen un solo libro al año. Lo anterior no es lo más grave del asunto, sino el tener como resultado generaciones enteras de adult@s apátic@s, absort@s en el ocio, en el trabajo, desinformad@s; sin ningún interés por lo que sucede a su alrededor, en su comunidad, en la política; hasta llegar al punto en el que cualquier campaña mediática puede fácilmente indicarles por quien votar, atemorizarl@s, convencerl@s; sin que puedan defenderse o, simplemente, reflexionar y formar su propia opinión al respecto; sin que éstos puedan actuar como ciudadan@s libres.

En pocas palabras, las tecnologías de la información —como el Internet y la televisión— comienzan a actuar y a permear en el individuo incluso antes de que éste comience a hablar y a leer; estos medios comienzan la carrera llevando una buena ventaja para cuando el niño ha ingresado a la escuela. Aparentemente, las tecnologías de la información se encuentran bajo el control del ser humano; pero la verdad es que lo han sobrepasado desde hace mucho, creciendo indiscriminadamente en todas direcciones. Ante esto, el gobierno e instituciones —hasta ahora dirigidos por los partidos de siempre— necesitan buscar formas de contrarrestar este fenómeno; de otra manera, los resultados y las consecuencias seguirán siendo —igualmente— los de siempre.

Rocío Del Río

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